miércoles, 15 de enero de 2020

EL SOSIEGO DEL EREMITA

Después de compartir algunos días con la soledad que me rodea, pude percibir algunas cuestiones con mas claridad. No solo sentí el dolor mucho mas profundo, sino que también lo pude hacer parte de una complicidad integral. El sabor de ésta  experiencia me llevo a lugares exóticos y el mundo onírico ni les cuento.
La lectura también ha hecho de lo suyo, permitiendo a la imaginación volar en cada párrafo. En algunos casos las ideas se contradecían con las palabras escritas, varias veces debía volver a retomar cada oración y leerla una y otra vez. Mi mente sentía el colapso, y mis ojos pestañeaban con mas frecuencia de lo normal como si me estuvieran mandando una especie de señal de que era hora de descansar. Apoyé los libros, en realidad mis fotocopias llenas de colores flúor y anotaciones en sus márgenes. La época de oro había llegado a su fin y no solo para el Coronel.
El agotamiento mental se hacía notar, pero el cuerpo aún tenía cuerda para andar, me recosté en la cama sabiendo que el sueño no había llegado, aún así decidí hacerlo para ver si la armonía del espacio lograba invitarlo. En la ardua espera las imágenes mentales comenzaron a mezclarse nuevamente, el deseo había cambiado su rumbo, el foco ahora estaba puesto en la traslación del cuerpo. De repente una ola rompe los esquemas y mis ojos se llenan de arena, el mar, la luna y una pilcha desprolija pasaron a ser mis acompañantes nocturnas.